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¿Sacrificio o amor?
A pocos días del evento más esperado del año, de dos años en realidad, me puse a reflexionar ¿qué he sacrificado por este sueño?Puedo decir que he dado mi tiempo, energía, amistades y eventos, pero en sí no he sacrificado absolutamente nada.
Para mí el Edeprem no significa sacrificio, sino amor: un amor que pocos tienen el privilegio de sentir y puedo decir que repetiría cada una de las cosas que viví estos últimos tres años, porque cada lesión, cada dolor, cada caída, cada pérdida y cada lágrima se olvidan por completo al pisar la cancha, al sentir el viento en tu cara y cómo se para tu corazón cada vez que tomas el balón, al sentir que tienes un equipo detrás de ti que siempre te apoyará.
Nada se compara con la relación que te une con tu equipo. Esperar con ansia el final de la última clase para estar con ellos en la cancha y convivir con ellos casi 3 horas diarias. Se convierten en tu familia: conocen tus miedos y tus sueños, el apoyo es incondicional, dentro y fuera de la cancha; no existe nada, absolutamente nada, que no harías o no darías por alguien de tu equipo.
Ésa es la magia del Edeprem: en tan solo 5 días convierte a más de 600 extraños en familia. Pocas cosas en la vida logran unir a gente tan diferente en tan poco tiempo. Estamos a pocos días de convertirnos verdaderamente en la familia del Costa Rica. Todos buscamos lo mismo, lo mejor: el triunfo.
El amor es un motor, un impulso para poder lograr tus metas, el amor por la familia del Costa Rica es lo que hace a las selecciones entrenar los 365 días del año sin sentirlo como un sacrificio.
El amor hace la diferencia.